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RAIF: Arroz. Inundación invernal del cultivo.

Tras la siega, se incorporan los restos de cosecha al terreno mediante la labor de fangueo. Previamente a ésta, se puede quemar el rastrojo, con el objeto de reducir enfermedades y semillas de malas hierbas. Por el contrario, con esta práctica se pierde materia orgánica (nutrientes y estructura del suelo) y se emiten diversos gases contaminantes a la atmósfera, además del riesgo derivado del uso del fuego.


Si se incorporan los restos de cosecha sin quemarlos previamente, la recomendación es hacerlo lo antes posible. Para favorecer su descomposición se requiere un buen contacto con el suelo, temperaturas moderadas y suficiente humedad y tiempo para que los microorganismos existentes lleven a cabo este proceso. Al no realizar la quema se mejora la fertilidad del suelo y la actividad biológica del mismo.


Tras el fangueo, la normativa de ayudas agroambientales al cultivo del arroz obliga a: “Terminado el ciclo productivo del cultivo, los arrozales se mantendrán inundados hasta el 15 de enero”. Esta práctica, se establece en base a los sistemas agrarios de especial interés para las poblaciones de aves de los arrozales andaluces. La inundación en estas fechas también disminuye la cantidad de hierba que saldrá este año, facilitando el control de las mismas y reduciendo el laboreo para eliminarlas y preparar la próxima siembra.
 

A partir del 15 de enero por tanto se irán vaciando las tablas, secándose paulatinamente. Las labores preparatorias del terreno comenzarán en febrero-marzo en las primeras parcelas, según la meteorología. Para ello es fundamental que se haya secado bien la tierra, por lo que estas operaciones vienen muy condicionadas por las precipitaciones que se produzcan a partir de ahora.

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